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Actualmente se pueden encontrar dos grandes tipos de biocombustibles, el bioetanol, que sustituye a la gasolina y el biodiesel, que se puede utilizar en lugar del diesel
El bioetanol se produce principalmente mediante la fermentación de granos ricos en azúcares o almidón, por ejemplo los cereales, la remolacha azucarera y el sorgo. Mezclado con la gasolina convencional, normalmente como aditivo al 5%, puede utilizarse en los motores modernos de explosión que no han sufrido modificación. Los motores modificados, tales como los utilizados en los llamados vehículos de uso flexible de carburante, pueden funcionar con mezclas de etanol al 85%, así como con bioetanol puro y gasolina convencional.
El biodiesel es el otro gran pilar de los biocombustibles. Se obtiene principalmente de plantas oleaginosas, tales como la colza, soja, girasol, palma, higuerilla, y también se puede utilizar los aceites de fritura usados y las grasas animales. Los aceites extraídos se transforman mediante transesterificación hasta producir biodiesel. El biodiesel se utiliza en los motores de compresión, normalmente en forma de mezcla al 5% en los vehiculos, hasta el 30% en los autobuses urbanos y a menudo también en forma pura en los motores modificados.
Aunque el primer motor diesel de la historia se diseñó, allá por 1900, para funcionar con aceite vegetal, el bajo precio que por entonces tenía el petróleo hizo que enseguida ocupase el lugar de aquel. Más de un siglo después, estos motores admiten el uso de biodiesel, que no es sino aceite vegetal modificado, con unas propiedades muy parecidas a las del diesel convencional. De hecho, este producto se utiliza actualmente en más de 25 países de todo el mundo.
Existe una gran diversidad de fuentes de las que se pueden obtener las materias primas correspondientes para la producción de biocombustibles. Con un buen manejo, dada la variedad de la biomasa, esto representa un panorama alentador para los agricultores: grandes mercados adicionales y, por ende, una mejora en la cadena productiva del sector.
Pero los beneficios de fabricar biocombustibles en el país van mucho mas allá, pues produciría una larga generación de empleo a través del aprovechamiento de tierras ociosas, menos emisiones contaminantes, más captura de dióxido de carbono (ya que al estar elaborados a partir de materia vegetal, el CO2 emitido durante su combustión corresponde al que fue anteriormente absorbido durante el crecimiento), y la seguridad de que el 90 por ciento de la inversión quedará en la localidad donde se cultive la fuente para obtener biomasa y se produzcan los biocombustibles
La magnitud económica de este asunto se puede entender perfectamente con un ejemplo, esta vez en positivo: el consumo de energías renovables en 2004 evitó la emisión de entre 31 y 62 millones de toneladas de CO2.
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